Informes técnicos ignorados, contratos distintos a los aprobados y obras pagadas con dinero público rodean uno de los episodios más controvertidos recientes de Málaga

OPINIÓN. Tribuna Abierta
Por 
Sindicato Marítimo Portuario de UGT Málaga

10/03/26. Opinión. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com. La instalación del conjunto escultórico en el acceso al Puerto de Málaga no es solo una polémica artística. Es la historia de cómo un proyecto nacido fuera de cualquier procedimiento público fue avanzando entre decisiones discretas, informes técnicos desfavorables, cambios contractuales y ausencia...

...de debate institucional. Esta es la cronología completa de cómo una iniciativa presentada como un gesto cultural terminó convirtiéndose en un problema jurídico, político y ciudadano.

El Puerto no está para ocurrencias. El Puerto no es un decorado

Las esculturas del Puerto de Málaga: crónica de un proyecto opaco, de un escándalo anunciado

Hay historias que, vistas con perspectiva, parecen inevitables. Esta es una de ellas.


La polémica de las esculturas del Puerto de Málaga no surgió de una decisión institucional debatida públicamente.

La controversia sobre la instalación del conjunto escultórico en el acceso al Puerto de Málaga no nace de un debate artístico, ni de una única decisión, ni de un simple desacuerdo estético. Es el resultado de una cadena de decisiones administrativas, políticas y técnicas que, acumuladas en el tiempo, han desembocado en uno de los episodios más controvertidos que ha vivido recientemente la ciudad.

Nació de una conversación privada, entre un escultor de Ceuta, prácticamente desconocido en los ámbitos culturales de Málaga, y un político de Melilla, afincado en nuestra ciudad con experiencia en cargos públicos. Hasta el momento se desconoce si existía una relación previa entre ambos o si, por el contrario, alguna tercera persona los puso en contacto.

A partir de ese momento el proyecto fue creciendo, paso a paso, entre silencios, improvisaciones, decisiones opacas y una cadena de actuaciones administrativas que hoy están siendo cuestionadas tanto desde el ámbito cultural como desde el jurídico.

Durante estos dos meses hemos solicitado información oficial, que se nos ha negado, hemos analizado los documentos conocidos y recabado asesoramiento jurídico que permitiera fundamentar nuestro rechazo y plantear alternativas de solución dentro de la legalidad.

Aquí dejamos algunos de los informes y comunicados elaborados. 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7


Esta es la historia. Estas son las decisiones que explican cómo se llegó hasta aquí.

El escultor: un currículum difícil de verificar

El protagonista artístico de esta historia es el escultor Ginés Serrán-Pagán, presentado públicamente como un creador de proyección internacional. Sin embargo, cuando se analiza con cierto detenimiento su trayectoria artística, aparecen dudas difíciles de ignorar.

Su currículum presenta elementos difíciles de verificar y una notable tendencia a sobredimensionar determinados proyectos internacionales. Gran parte del relato de su carrera artística se sustenta en referencias a proyectos internacionales cuya materialización real resulta difícil de verificar. Se citan supuestas exposiciones en ciudades como Nueva York, en el Guggenheim, donde participó no como escultor “independiente” dentro del grupo principal, sino como coautor junto a Antoni Muntadas.

Tras comprobarse algunas de sus referencias, no corresponden a exposiciones institucionales o museísticas relevantes, sino a proyectos o iniciativas privadas sin consolidación real de escasa entidad. En algunos casos se mencionan proyectos anunciados que nunca llegaron a materializarse. Utilizar hipótesis futuras o proyectos no ejecutados como argumento legitimador ante una administración pública carece de valor jurídico. Presentarlo como aval artístico e institucional resulta, cuando menos, discutible. No es un aval artístico ni institucional. Es propaganda.

En otros casos se mencionan proyectos en lugares como Estados Unidos o Filipinas que en realidad se sitúan en zonas alejadas de los grandes circuitos artísticos e incluso de zonas relevantes de la ciudad donde están expuestas.

En España su presencia pública ha estado especialmente vinculada a Ceuta, donde mantiene una relación estrecha con el ayuntamiento de la ciudad y donde sí se han instalado algunas de sus obras. 1 - 2

Pero más allá de esos casos concretos, su presencia en el panorama artístico internacional es, cuando menos, discutida.

Las esculturas atribuidas al artista tampoco presentan una línea creativa coherente ni una relación temática entre ellas. A la controversia sobre el procedimiento y la falta de consenso se suma un elemento que resulta especialmente revelador desde el punto de vista artístico: la reiteración del mismo motivo escultórico. Muchas de las obras que se presentan como piezas únicas aparecen en realidad como variantes de fundición sobre modelos similares. Tal y como se aprecia en las imágenes difundidas por el propio entorno del escultor, existen al menos tres esculturas de Venus prácticamente idénticas, variaciones mínimas de una misma figura femenina monumental que Serrán presenta como piezas singulares: La Venus of Ashland, la The Golden Apple of New York, y la denominada Venus del Sol, presentada como una obra “hecha para Málaga”. Solo les diferencia el motivo que sostienen en su mano derecha, rama, manzana y esfera luminosa, pero la figura, la pose, el tratamiento formal y el lenguaje escultórico son esencialmente los mismos.

Si la Venus presentada como “obra hecha para Málaga”, forma parte de una serie prácticamente idéntica de esculturas, instaladas o anunciadas en otros lugares, la afirmación pierde consistencia. La obra deja de presentarse como una creación concebida específicamente para un contexto urbano concreto y pasa a comportarse más como una pieza reproducible adaptada a distintos destinos.

Incluso cabe la posibilidad de que la Venus anunciada durante años como futura instalación en Nueva York, con una manzana en la mano, podría ser en realidad la misma pieza que finalmente se pretende instalar en Málaga, lo que ha llevado a algunos críticos a señalar que no se trata tanto de obras únicas como de piezas seriadas adaptadas a distintos destinos.


Basta con revisar las redes sociales del propio artista para comprobar que buena parte de su promoción descansa en anuncios de proyectos futuros, fotografías de maquetas y declaraciones grandilocuentes sobre instalaciones que nunca llegan a materializarse, más que en exposiciones consolidadas en instituciones artísticas de prestigio.

Para muchos observadores culturales, su proyección pública responde más a una estrategia de autopromoción que a un reconocimiento consolidado en el circuito artístico internacional. Y la catalogan como más mediática que artística.

El origen del proyecto: Aceptar un proyecto artístico surgido de una conversación privada del presidente del puerto

El origen del proyecto no nace de un concurso público, de una iniciativa cultural institucional ni de una propuesta urbanística debatida. Surge, según el propio relato del escultor, de un encuentro privado con el presidente de la Autoridad Portuaria.

Según el propio relato del escultor, el origen del proyecto se remonta a un encuentro con Carlos Rubio, presidente de la Autoridad Portuaria de Málaga, alrededor del año 2021.

En ese encuentro el escultor le habría planteado una propuesta aparentemente generosa: regalar a la ciudad cuatro esculturas monumentales para ser instaladas sobre las cuatro columnas existentes en el acceso al puerto.

La propuesta se habría presentado como un gesto personal de generosidad hacia Málaga y como un homenaje a la memoria del padre del artista.

El lugar elegido para instalarlas sería, sobre las cuatro columnas (video 9´30”) existentes en el acceso a la entrada al recinto portuario.


La propuesta fue acogida con entusiasmo por el presidente del puerto.

Pero lo llamativo es que una iniciativa de esa magnitud no fue sometida desde el principio a valoración artística independiente, ni a ningún proceso público ni institucional o urbanístico. No se abrió ningún debate artístico. En ningún momento se abrió un proceso de evaluación por expertos, comités artísticos o instituciones culturales. La decisión se gestiona exclusivamente desde la presidencia del puerto. No se planteó un concurso público de concurrencia con otros creadores.

Simplemente se aceptó la idea.

Un proyecto secreto, oculto incluso dentro del propio puerto

Durante un largo periodo el proyecto se mantuvo prácticamente en secreto sin conocimiento público ni debate institucional amplio, hasta dentro de la propia Autoridad Portuaria, a pesar de tratarse de una intervención monumental en uno de los espacios más visibles de la ciudad.

Ni el Consejo de Administración del puerto ni las administraciones con competencias urbanísticas o patrimoniales fueron informados.

La existencia de la iniciativa no trascendió hasta que el propio escultor la difundió en la prensa, 1 - 2 - 3 - presentándola como un gran regalo para la ciudad de Málaga.

Es en abril del 2024, cuando el presidente del puerto tomó una primera decisión técnica: comprobar si las columnas podían soportar el peso de las esculturas. Las esculturas pesan cerca de cinco toneladas.

Para ello se encargó un contrato menor con un coste de 10.660 euros. a la empresa de ingeniería CEMOSA, para elaborar un estudio estructural de las cuatro columnas. Ese informe acabaría convirtiéndose en uno de los elementos más incómodos de toda la historia.

Meses después, en junio de 2024, Serrán emitió un comunicado en el que afirmaba haber concluido la escultura de Neptuno y anunciaba que las cuatro piezas se instalarían entre agosto y octubre de ese mismo año 2024. Aunque inicialmente se había mantenido cierta ambigüedad sobre la ubicación, el vídeo publicado, y declaraciones a medios de Ceuta, despejaba cualquier duda sobre donde se instalarían, aunque el puerto continuaba ocultando la decisión consensuada con el presidente del Puerto.

En esa misma nota de prensa, el escultor combinaba una retórica de falsa modestia ya que confesaba “Esculpiendo Neptuno he sentido en mis hombros los brazos de Michelangelo, Bernini, Giambologna, Queirolio y Rodin”, y publicaba un vídeo de su trabajo artístico; y realizaba a través del diario Pueblo de Ceuta, un llamamiento explícito a empresas y filántropos para que patrocinasen el proyecto, asumiendo los gastos de fundición, transporte, instalación, pedestales e iluminación, y ofreciendo a cambio inscribir sus nombres en una placa conmemorativa.

En julio de 2024, El Observador, medio local, destapa en exclusiva el “secreto” que el puerto celosamente tenía guardado, el lugar donde se pretendía instalar las 4 esculturas: iba a ser en lo alto de las columnas de entrada al puerto. En enero del 2025, el escultor mediante nota de prensa, anuncia una nueva fecha para la inauguración de las obras para los meses de abril o mayo de ese mismo año.

Una vez más y continuando con la información que sobre esta nueva pretensión desorbitada del presidente del puerto, ha venido realizando El Observador, este medio confirmaba que el asunto ni siquiera había sido tratado formalmente por el Consejo de Administración, por lo que no se sabía cuando se inauguraría. Por otro lado, también se desconoce cuanto costaría a las arcas del Puerto la instalación del conjunto escultórico. La donación se llevaría a cabo por medio de la Fundación Ginés Serrán y posiblemente por un grupo de patrocinadores.

El informe que lo cambiaba todo

Los estudios técnicos concluían, en agosto del 2024 y el 7 de abril del 2025, que las columnas no eran un lugar adecuado para instalar esculturas de ese peso.

Además, según se ha podido confirmar, a la empresa que realizó el informe se le habrían facilitado datos incorrectos sobre las dimensiones y el peso real de las piezas, inferiores a las reales.


Aun así, el resultado fue claro: la instalación en lo alto de las columnas no era recomendable desde el punto de vista de la seguridad estructural.

Ese informe suponía en la práctica la inviabilidad del proyecto tal como había sido concebido inicialmente, y por tanto el acuerdo entre Carlos Rubio y Gines Serran no era posible. Es razonable pensar que, si el presidente hubiera intuido desde el principio el desarrollo de los acontecimientos, el proyecto habría seguido un camino muy distinto

El primer movimiento: ocultar el informe técnico
El segundo: retirar el asunto del ámbito de decisión del consejo

Sin embargo, ante ese escenario, donde lo lógico habría sido cancelar el proyecto, ocurrió lo contrario. Rubio continuo con la acordado con el escultor, e incluyó propuesta de aprobación en la reunión ordinaria del Consejo de Administración del 30 de abril de 2025, al objeto de instalar las esculturas, durante un mínimo de 25 años, en lo alto de las columnas.


Cuando el Consejo de Administración del puerto iba a tratar el proyecto en su reunión del 30 de abril, ocurrió algo inesperado, en la misma reunión el presidente decide retirar el punto del orden del día, evitando así que el informe técnico desfavorable se debatiera públicamente. El día anterior el consejero en representación de UGT, solicito a la presidencia acceso a los informes técnicos que existieran.

A partir de ese momento el proyecto entró en una fase marcada por la opacidad absoluta y el desconcierto.

La nueva ubicación: el centro del conflicto

Tras descartar la instalación en lo alto de las columnas, el presidente del puerto decide unilateralmente, y sin debate público, buscar una nueva ubicación para las esculturas.

La localización elegida es la entrada principal del puerto, entre las columnas centrales, en un espacio de gran impacto visual en la ciudad y junto al entorno del Centro Histórico de Málaga, declarado Bien de Interés Cultural, sin un debate previo sobre su impacto patrimonial.

Pero esta decisión implicaba algo completamente distinto al proyecto original. Ya no se trataba de colocar esculturas en un elemento existente, sino de realizar obras de infraestructura específicas para sostenerlas en dominio público portuario.

Esto obliga a construir pedestales de gran tamaño y realizar cimentaciones a 15 metros de profundad


La ingeniería jurídica: el contrato de comodato

Para poder instalar las esculturas, y con el asesoramiento de personas desconocedoras del ámbito legal propio de los puertos, se ideó una solución jurídica sorprendente por peculiar: el Comodato. Una decisión claramente equivocada.

En lugar de tramitar una donación, se recurrió a esta figura jurídica prácticamente inexistente en la gestión del dominio público portuaria y muy poco utilizada en la administración pública.  El comodato es un préstamo gratuito de bienes regulado por el Código Civil, una figura que hunde sus raíces en el derecho romano.

Sin embargo, en lugar de tramitar una concesión o autorización administrativa, se opta por una fórmula jurídica extraordinaria en este contexto y que no constituye un título habilitante válido para ocupar dominio público portuario.

A pesar de ello se redactó un contrato por el cual las esculturas permanecerían 25 años en el puerto, prorrogables por periodos adicionales de 10 años.

La cesión se presentaba como gratuita.

La donación se realizaría a través de una fundación vinculada al escultor.

Tres contratos-comodatos distintos

Cuando ese planteamiento de encima de las columnas resulta inviable, el contrato cambia, y se presenta al Consejo una versión distinta de comodato. 12

En el primero de ellos las esculturas se colocarían en lo alto de las columnas y el escultor asumía los gastos de instalación.

Pero cuando se decidió cambiar la ubicación, el contrato se modificó.

El Consejo de Administración del 25 de junio de 2025

El asunto vuelve de nuevo al Consejo, y curiosamente se introdujo en el punto de “Varios”, al final de una reunión con un orden del día con 26 puntos.

Se adjuntaba un contrato, sin poner en antecedentes a los consejeros que era una segunda versión de comodato, donde desaparecía la obligación del escultor de asumir los costes, desaparecía la fundación como parte del contrato y el escultor firmaba a título personal.

Posteriormente se ha comprobado además que la fundación ni siquiera estaba registrada oficialmente en ese momento. Es de resaltar que los patronos de la fundación, son todos familiares del escultor, a excepción de determinada persona con intereses empresariales en el entorno portuario; circunstancia esta que podría generar, al menos, una apariencia de conflicto de intereses.

En esa reunión del Consejo de Administración no se explicó ni la ubicación definitiva, ni el informe técnico desfavorable, ni el coste de las obras y ni se mencionó los cambios sustanciales del contrato respecto al primero entregado en abril.

El proyecto se apoyó en un informe de Puertos del Estado, elaborado por el abogado Morillo Velarde, que en realidad se limitaba a valorar la figura del comodato y sugería que la donación y no el comodato sería la modalidad jurídica más adecuada Es de resaltar que ese informe de Puertos del Estado utilizado como respaldo se elaboró sobre la primera versión del contrato, y por tanto distinta de la que se estaba presentando al Consejo.

Aun así, el Consejo aprobó el comodato.

La aprobación se presentó como unánime, aunque no estaban presentes representantes clave como el subdelegado del Gobierno de la Nación, la delegada del Gobierno de Andalucía y la Abogada del Estado.

Carlos Rubio firma un contrato distinto al aprobado por el Consejo

Ante la creciente presión pública y política, la Autoridad Portuaria de Málaga se vio finalmente obligada a publicar en su página web, el pasado 13 de enero, el contrato de comodato suscrito con el escultor. Ese documento había sido firmado seis meses antes, el 3 de julio, sin que durante todo ese tiempo se hubiera hecho público su contenido. De hecho, se trató de la primera información oficial difundida por la Autoridad Portuaria sobre este asunto.

La publicación del documento permitió comprobar algo especialmente grave desde el punto de vista institucional y jurídico. Al comparar el comodato firmado con los dos textos que previamente habían sido entregados a los miembros del Consejo de Administración, se constata que el documento finalmente suscrito introduce modificaciones relevantes respecto a lo aprobado por el órgano colegiado.

Entre esas modificaciones destaca una especialmente significativa: el contrato firmado atribuye a la Autoridad Portuaria la asunción de los gastos de instalación del conjunto escultórico, una carga económica que no figuraba en los términos conocidos por los consejeros cuando se adoptó el acuerdo.

Nos encontramos, por tanto, ante una situación difícilmente justificable: el presidente de la Autoridad Portuaria terminó firmando un contrato distinto del que había sido sometido a consideración y aprobado por el Consejo de Administración.

Desde un punto de vista jurídico, este hecho no es una cuestión menor ni meramente formal. Supone que el presidente habría actuado sin la cobertura de la autorización otorgada por el órgano competente, alterando los términos del acuerdo adoptado por el Consejo. En tales circunstancias, el acto de firma carecería de la necesaria legitimación y podría incurrir en un supuesto de nulidad por falta de competencia y por apartarse del contenido autorizado por el órgano colegiado.

Dicho de forma clara: el contrato que hoy se pretende ejecutar no es exactamente el contrato que el Consejo de Administración aprobó.

Y esa diferencia no es solo política o administrativa. Puede tener consecuencias jurídicas relevantes para todo el expediente.

Las obras: 70.000.- euros

Tras esa aprobación comenzaron las obras necesarias para instalar las esculturas, entre las dos columnas centrales.

El proyecto incluía:

  • dos pedestales de tres metros de altura
  • cimentaciones profundas mediante ocho pilotes
  • una profundidad aproximada de 15 metros

El coste presupuestado de las obras es de 69.801.-  euros.